A Martín Berasategui su madre Gabriela y su tía le llaman 'Martintxo', dos personas fundamentales en su vida y de quienes aprendió el gusto por el oficio observándolas trabajar codo con codo en el Bodegón de Alejandro, un restaurante tradicional de la parte vieja donostiarra. Martín no paró hasta lograr que sus padres le dejarán trabajar en el local familiar. Fue allí, con 26 años, donde logró su primera estrella Michelin con un Bodegón de 21 peldaños», recuerda este gurú de la cocina que atesora en su baúl profesional siete estrellas Michelín, lo que lo convierten en un maestro internacional prácticamente inalcanzable
Martín Berasategui nació el 27 de abril de 1960 en Donostia y está considerado uno de los mejores cocineros del mundo. Al igual que Ferrán Adriá, Berasategui se sumerge en la creación de nuevos productos y sabores. Está inmerso en el mundillo de la cocina desde los trece años, ya que fue introducido por su madre y su tía. Se inició en el negocio familiar, Bodegón Alejandro, del cual a los 21 años se convirtió en el responsable principal. Cinco años después el mismo recibió la estrella Michelín. Asimismo, desde muy joven ha ido con regularidad a Francia, para completar su formación. En 1993, el cocinero inauguró Restaurante Martín Berasategui, y desde entonces, ha conseguido una estrella Michelín (al año de su apertura), dos en 1996 y la tercera en noviembre de 2001, gracias a la cual se encuentra entre los 30 mejores cocinero del globo. En 1996 se asoció con tres compañeros para crear el grupo empresarial que engloba los selectos establecimientos Bodegón Alejandro, Guggenheim Bilbao, Kursaal Martín Berasategui y Kukuarri. En su extensa trayectoria, lleva alrededor de veinte años de carrera, ha recibido varios premios, como: mejor repostero español del año, mejor plato creativo y mejor plato del año (en 1995), al año siguiente fue condecorado como el Mejor Cocinero de España, y además en ese tiempo logró situarse como el mejor chef nacional en las más prestigiosas guías del extranjero. En 1997 logró el Grand Prix del Arte de la Cocina, lo que lo catapultó como el cocinero de mayor proyección mundial. En 1999 fue premiado como Mejor Pastelero del Año, y en 2001 fue homenajeado por su carrera en el Salón Internacional del Club de Gourmets. Como cuenta la periodista María Duro, el éxito no le ha abandonado desde sus inicios, pero él tampoco se ha cansado de trabajar para lograrlo. San Sebastián, Bilbao, Tenerife, Sevilla, Barcelona o Shangai son algunas ciudades en las que ha continuado construyendo su legado a través de la creación y de la transmisión, porque «no entiendo la cocina sin enseñar». Para esos a quienes enseñó, solo tiene palabras de admiración y cariño. «Han abierto un montón de caminos nuevos en la cocina, se han dejado la vida en este arte y son unos luchadores que van a superar con creces lo que ha hecho nuestra generación», se deshace en elogios el chef. Y añade, «son buena gente», un requisito que se adivina indispensable para formar parte de la cantera del siete veces estrella Michelin. |